La fertilidad es la capacidad del ser humano para concebir un hijo. En la mujer, este proceso está ligado a los óvulos, que se forman antes del nacimiento y no se regeneran a lo largo de la vida, sino que forman la llamada reserva ovárica.
La vida fértil de la mujer pasa por varias etapas, desde la pubertad hasta la menopausia, y en cada una cambian las posibilidades de embarazo.
En la pubertad y hasta los 19 años, el cuerpo empieza a funcionar desde el punto de vista reproductivo, pero no siempre está totalmente preparado. Aunque puede haber ovulación, los embarazos en esta etapa suelen ser menos planificados y con más riesgos.
Entre los 20 y 29 años se encuentra la etapa de mayor fertilidad. Los ciclos son más regulares, la calidad de los óvulos es mejor y la probabilidad de embarazo es más alta.
De los 30 a los 36 años, la fertilidad empieza a disminuir poco a poco. Aunque muchas mujeres siguen quedándose embarazadas sin problemas, la reserva ovárica y la calidad de los óvulos comienzan a bajar.
Entre los 36 y los 45 años, la fertilidad desciende de forma más notable. Los ciclos pueden volverse irregulares y aumentan las dificultades para concebir, así como el riesgo de aborto.
En la etapa de perimenopausia y menopausia (aprox. 45–50 años) la capacidad reproductiva prácticamente termina y la probabilidad de embarazo natural es muy baja.
En resumen, la fertilidad es más alta en la juventud y disminuye progresivamente con la edad, especialmente a partir de los 35 años.
