Para mí era fundamental saber que todo es anónimo. Por ley, nunca sabré quién recibe mis células, ni esa familia sabrá nada sobre mí. Es una confidencialidad total que nos protege a todos. Incluso está prohibido ayudar directamente a familiares para respetar este principio de secreto. Mis datos personales están bien protegidos y me siento muy tranquila respecto a mi privacidad.
